Lejos quedan los días en los que éramos capaces de realizar todo tipo de actividades sin estar pendientes y dependientes de nuestros dispositivos móviles. El teléfono inteligente se ha convertido en un aliado imprescindible para muchas tareas diarias, pero a veces tenemos la opción de prescindir de su uso y no somos capaces de desengancharnos de una dependencia que, según algunos estudios, nos está volviendo más “idiotas”. Asistir a un evento social, visitar un museo, disfrutar de una buena película o una representación teatral, o aislarse del mundo con un buen libro, parecen actividades para las que el teléfono móvil es totalmente inútil, incluso absolutamente prescindible, y apagarlo es la mejor opción en estos casos.

Pues bien, lo mejor es que dejes tu móvil en casa, o que lo tires directamente a la basura. Eso es lo que sugiere un estudio de la Universidad de Chicago después de descubrir que tener el Smartphone cerca no sólo te distrae de la tarea, sino que reduce tu capacidad para manejar acciones cognitivas más complejas como recordar y procesar datos. Para aquellos que dependen de su teléfono inteligente para la mayoría de las cosas (es decir, todo el mundo) los efectos sobre su capacidad cognitiva pueden ser más graves.

Los investigadores pidieron a los participantes que mantuvieran sus teléfonos silenciados y visibles en un escritorio, en un bolsillo o en una bolsa, o en una habitación separada por completo. A continuación, realizaron pruebas en un ordenador para medir la capacidad cognitiva, una llamada la Función de Operación Automatizada que mide la capacidad de memoria de trabajo, y otra llamada Test de Matrices Progresivas Raven, que mide la fluidez de la inteligencia.

El problema se produce cuando el cerebro reduce su capacidad cognitiva al saber que el teléfono móvil está cerca y puede ser utilizado en cualquier momento, haciendo que el cerebro se mantenga a medio camino entre la actividad que se está realizando y el impulso de utilizar el dispositivo inteligente. Este problema se agrava exponencialmente cuando se recibe algún tipo de notificación que “captura” nuestra atención (mensajes de texto, correo electrónico, notificaciones sociales, Whatsapp, etc.), y esto se traduce en un desvío total de la atención sobre objetivo primario por el impacto tangencial de la notificación, provocando falta de concentración y pérdida de memoria instantánea.

Los resultados mostraron la importancia de mantener el teléfono móvil alejado cuando pretendemos realizar una tarea para la que es necesaria cierta concentración. Los dos grupos de participantes que mantuvieron los teléfonos cercanos en un escritorio o en una bolsa mostraron menor capacidad de memoria de trabajo (la capacidad de recordar la información temporalmente) y una menor fluidez funcional (la capacidad de resolver nuevos problemas y ver patrones). Los participantes con teléfonos en otra habitación superaron en gran medida a aquellos con teléfonos en bolsillos o en escritorios en todas las tareas.

Así que quizá sea cierto eso de que el teléfono inteligente nos vuelve un poco más “idiotas”